
Apareció en ese triste habitáculo que hay frente a mi casa hace unos días. Nadie sabe cómo llegó a esa especie de Guantánamo para pelotas de playa. Por las tardes, me asomaba a mi terraza y la veía pasearse acariciada por el suave viento vespertino, se movía ella sola tranquila unas veces, más nerviosa otras como intentando saltar la inmensa verja que la retenía contra su voluntad de rodar; de jugar. El destino la obligó a vivir en ese receptáculo durante unos días, como una reclusa condenada a no ir a la playa que era su principio y su fin natural; playa con la que había soñado junto a sus hermanitas, todas iguales y aún desinfladas, en su cada vez má
s olvidado lugar de nacimiento en cualquier pueblo de la China.Hoy; unos jóvenes la han rescatado del encierro. Se podría decir que ha muerto torturada, pero no, por sus alegres y elegantes vuelos, a mi me ha parecido que le gustaba morir jugando con los cinco chicos que sin dejarla tocar el suelo chutaban a nuestra amiga hasta que sonriendo se ha deshinchado por completo y su alma ha ido por fin a su soñada playa….



¿¿Se puede sentir algo por una pelota de playa??
Por esa sí ;)
Un beso