que tenerle miedo a la palabra. Véase por ejemplo una de las acepciones que la Real Academia de la Lengua propone para esta palabra:Ambrosio es otro de esos abuelos invisibles que pueblan las calles de las grandes ciudades. Como todos los días, se acerca a la plazuela de su barrio donde otras decenas de abuelos juegan a la brisca o al tute.
Es curioso ver como ocupan unas minúsculas mesas, no se sabe si diseñadas por el Ayuntamiento para tal fin lúdico, pues son cuadradas, con cuatro banquetas adosadas a ella y que forman un todo homogéneo. En ellas se sientan cuatro ancianos que circunspectos observan sus cartas, mientras quince o dieciséis “mirones” asisten a la apasionante partida. Ante la escena, uno piensa que llegados a esta edad, podrían disfrutar del juego más que sufrirlo, pero ya se sabe que los hombres siempre queremos ganar, aunque tengamos 87 años.
Cuando termina una mano, tanto los jugadores como los espectadores comentan el acierto de un jugador al haberse guardado el tres de copas, casi hasta el último momento o el despiste de haberse quedado con el cinco de bastos al que los jugadores llaman “bocarrana”. Que bien lo dice el dicho: el que lleva el “bocarrana” nunca gana; así es.
Lo que más le gustaría a Ambrosio es que un día uno de los grupos le invitase a sentarse a la mesa a jugar, pero es que Ambrosio es invisible y aunque todos saben que está ahí, casi nadie se da cuenta de que está ahí.
Cuando era pequeño le pasaba un poco lo mismo. Nació más bien enclenque y cuando con su pelota de goma roja iba a jugar al parque con los niños de su edad, éstos le ignoraban como se ignora; aunque se goce; una brisa primaveral tan invisible como el niño Ambrosio tan canijo y tímido como el abuelo que es ahora. Ya no lleva una pelota roja, sino una baraja en el bolsillo a la que acaricia con cariño.
Piensa: Si un día jugase a la brisca, nunca perdería con ninguno de estos compañeros y a la vez los ganaría a todos porque sé sus aciertos y sus fallos, sus manías y sus cabezonerías. A lo mejor mañana falta alguno y dejan que juegue con ellos. Les diré que si no quieren perder todas las partidas, que me puedo bajar la pelota roja con la que no quisieron jugar y entonces iremos al parque y echaremos el partido que nunca llegamos a echar y seguro que por fin, ganaremos todos.
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Esto me ha ocurrido hoy en un Organismo Oficial al que he ido a llevar cuatro tomos y 4 Cds, que por pedir que no quede: Dos de los tomos han tenido que ser presentados en DINA4; los otros dos en DINA3. Los Cds contenían la misma información que el papel, pero los archivos de dos de ellos han tenido que tener la extensión PDF (Acrobat Reader), teniendo que ser, sin embargo, los archivos de los otros dos Cds “abiertos”; es decir, DOC, DWG, BC3, etc.
(Situación de la escena. Puesto de Control del Organismo Oficial. Llego con los libracos y los Cds en los brazos y me presento ante una funcionaria y una “segurata”)
Vito: Hola buenos días, venía a traer esto (señalándolo) a Fulanita De Tal.
Funcionaria: Hola buenos días, muy bien. Dígame su DNI si ha estado aquí alguna otra vez.
V: Sí, si he estado. Es el 55.555.555Z
F: (Teclea mi DNI y satisfecha, ve que no he mentido y que sí he estado antes) Señor Vito, pase los documentos por el arco.
(La "segurata" se levanta así como sin ganas, a sabiendas de que no va a tener que detenerme ni ponerme las esposas, ni nada de nada)
S: Ponga por favor todo lo metálico: Monedas, llaves, el móvil, en fin, todo…
V: Llaves no traigo (no sé para qué le digo eso). Me las he dejado a propósito en la oficina (He dejado unas monedas, el Ventolín y el móvil en la bandeja)..
S: Eso también, sí (señalando al inhalador, que de no haber sido despositado, sin duda hubiera pitado, delatándose a si mismo)
V: ¿Y el reloj? (no sé para qué le digo eso)
S: No, no hace falta. Pase por el arco a ver si suena algo.
(Paso y no suena nada)
S: Me da mucha pena lo que voy a hacer, porque ya sé que no lleva usted una bomba…
(Sin darme tiempo a reaccionar, agarra un sello de caucho en el que pone CONTROL DE SEGURIDAD y estampa el susodicho contra las inmaculadas portadas de los tomos y contra el sobre de burbujas con los Cds)
V: Te has dejado éste (digo yo, haciéndole notar que se había dejado sin sellar uno de los tomos de DINA3, que ya puestos, que los ensucie todos)
S: Es que son las normas. Además si es que tiene usted cara de bueno.
(Atención a la frase de la Funcionaria que ha asistido encantada a la escena)
F: El caso es que dicen que los asesinos no tienen cara de asesinos, sino de buenos.
(Atónito y con cara de más bueno que nunca y riéndome como un tonto, cojo mis tomos y mis Cds y con la tarjeta que me entregan, accedo por los tornos al Organismo. Abro como puedo una puerta que da acceso a la secretaria de Fulanita De Tal, pero al cerrarla se me cae uno de los tomos de DINA4. He agradecido que en efecto no llevase una bomba lapa adherida a la página 54)
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Me da miedo enfrentarme a uno de los libros de Fundamentos Biológicos de la Conducta. En él quizás explique por qué tengo una neurona a la que llamo la neurona académica y que hasta que microscopios tan exactos que puedan verla con su birrete y su toga y su enciclopedia bajo el “neurobrazo”, no se diferencia del resto de neuronas; siempre suponiendo que cuento con más de una.
Esta neurona académica además, sale a la palestra cuando menos te lo esperas. Estoy en medio de una conversación baladí y se sale con la suya y me hace decir palabras que o bien están fuera de contexto o bien no sé lo que significan estén o no en el contexto de turno haciéndome quedar como un tonto y encima como un pedante.
No es lo mismo decir: “Ya está terminando el verano. Dentro de nada empieza la vendimia aquí cerca, en los viñedos madrileños.” que: “El cambio climático coadyuva a que la recogida de las uvas garnachas se adelante como en una astracanada espacio-temporal en el centro de la península ibérica.”
El caso es que la neurona académica no me suele hacer decir frases tan churriguerescas, sino que mete una palabra “rara” dentro de una frase "normal".
Por ejemplo: “Ya está terminando el verano. Dentro de nada empieza la astracanada de la vendimia aquí cerca, en los viñedos madrileños.”
Sea como fuere, tengo que reconocer que astracanada es una palabra tan sonora que me gusta. La voy a emplear más a menudo (fuera de contexto, sí).
Sin ir más lejos, España –políticamente hablando- lleva años de astracanada tras astracanada y aquí estamos, a punto de recoger las uvas otoñales madrileñas.
1. f. coloq. Farsa teatral disparatada y chabacana.
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El otro día, cuando volvíamos de comer, vimos a unos pocos kilómetros dos columnas de humo; una blanca y otra negra y bromeamos al respecto pensando que una vez más, algunos espabilados nos habían robado cables de cobre y estaban quemándolos para obtener el metal que se paga bastante bien en el mercado negro cobrizo.
A mí incluso se me ocurrió otra chorrada aún mayor diciendo que habemus Papam por la fumata blanca tan espectacular.
Cuando llegamos a la oficina y quisimos consultar los resultados de los españoles en las Olimpiadas, leímos con sorpresa primero y con consternación después que el humo se debía al accidente de un avión de la compañía Spanair que acababa de ocurrir, casi al lado de nuestra obra, y que iba contando muertos a medida que pasaban los minutos.
Pero la reflexión que propuse al respecto en un foro de Psicología al que me acabo de apuntar fue que aún sintiendo un profundo dolor y un innegable y total respeto por las víctimas del accidente y por sus familiares y seres queridos, ¿no ocupa la prensa un lugar demasiado prepotente a la hora de dar las noticias?
Reconociendo que cuando algo pasa a tu lado te afecta más que lo que pasa en Nueva Zelanda, a mí, me resulta vergonzoso ese regodeo respetuoso, ese cotorreo dramático que lo único que hace es deprimir a la gente.
¿Para qué quiero saber las últimas palabras que una madre medio muriendo le dijo a su hijo antes de fallecer aplastada?
¿Es eso noticia?
Y sobre todo: ¿Por qué los muertos ajenos nos parecen menos muertos, menos “llorables”, menos importantes?
¿Acaso no mueren más de 20 personas en carretera todos los fines de semana? Al mes son 80
¿Por qué nos importan un pimiento?
¿Será porque estamos acostumbrados?
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