domingo, diciembre 11, 2005

El sexo del somormujo


Hace un rato, estaba leyendo una entrada llamada ‘Buscando desesperadamente a Google’ en la bitácora Antes de la lluvia y he recordado la primera vez que bajé mi viejo ordenador con un procesador 386 para que me instalaran esa cosa que llamaban Internet y que la gente había empezado a poner en sus ordenadores.

Cuando digo “bajé”, no estoy utilizando el término en sentido internauta, sino en el sentido estricto de la palabra pues los “expertos instaladores” tenían su comercio de productos informáticos -así como de papelería y copistería- justo en los bajos del bloque donde vivo.

Una vez instalado y para probar el invento, al dueño del local y a la vez vecino mío, no se le ocurrió otra cosa que poner la palabra “sexo” en un buscador que creo que se llamaba Altavista…

Entre que la conexión era vía línea telefónica y que –aceptémoslo- sexo ha habido, hay y habrá siempre, tenían que haber visto ustedes a mi pobre PC buscando sexo por todas partes… Se bloqueó y yo me subí la CPU no muy convencido de que esa fuente de información pudiera encontrar no sólo sexo sino ninguna otra cosa. Nada más llegar a casa puse somormujo y tardó y tardó y tardó, pero encontró uno allá por Perú. De inmediato me congratulé por haber instalado Internet. Si no podía encontrar sexo, por lo menos podía observar al somormujo peruano cuantas veces quisiese…

Por fortuna, los buscadores se han vuelto cada vez más inteligentes y son capaces de encontrar todo tipo de información si se saben utilizar comillas o símbolos de suma, etc,.

Lo que de momento no pueden encontrar los buscadores tipo Google son esos olores a vida que se sienten al abrir una ventana en una mañana radiante de primavera en una casita de campo cerca de un prado tras una noche de ligera lluvia.

Y es que Windows es lo que es, pero por suerte una “window” es otra cosa, ésta sí, irrepetible cada día en su aparente igualdad.

9 comentarios:

Grismar dijo...

Uy, no des ideas, Vitore, ya veo que mañana Microsoft lanza al mercado el nuevo Aromasoft 2006, con 2554 aromas naturales (y por supuesto, el hard necesario se conseguirá en cualquier casa de insumos informáticos que se precie). Luego vendrá el Aromasoft Movie, y seguirán llegando...
Gracias por tu enlace, Vitore, es mutuo. Nos leemos. Un beso.

Pilix Forever dijo...

Pues yo estoy por decir una barbaridad... podría vivir sin ventanas pero no sin Internet...

scape95 dijo...

Pues... he leido que ya hay experiencias de navegación "olorosa" (en el cine también). Se trataría de un dispositivo enchufado al PC que tendría cargados los olores básicos, que serían combinados en la adecuada proporción para generar el olor de la página visitada. Qué cosas...

Salu2!!

Grismar dijo...

pilix forever: adhiero a tu barbaridad, yo tampoco.

Harry.c dijo...

Oye, y habéis pensado en ir a una terapia de grupo? Seguro que la hacen en un local cerrado, sin ventanas.

vitore dijo...

Mal que me pese, no tengo más remedio que estar de acuerdo con pilix forever y grismar en lo relativo a Internet. Mi ventana/window no da a ese campo paradisíaco sino a otras ventanas/windows. Parecemos la sección de informática de unos enormes grandes almacenes.

Grismar dijo...

Me rodea un paisaje similar al tuyo, Vitore, pero siempre podemos mirar un somormujo en la pantalla.(Podríamos hacer lo que sugiere harry.c ¿alguien tendrá un link/enlace a alguna página de terapias grupales?)

Cinzcéu dijo...

Vitore: quiero agradecer el post, menos por el link que por la lectura; una lectura es sólo eso, despertar un nuevo texto.
Y una pregunta: ¿hay otras ventanas aparte de las de Windows?, ah, sí, recuerdo que una vez tuve ventanas... (espero el link a páginas de terapias).

ruidoDEtacones dijo...

Ando atrasadiña, pero recupero enseguida ¡¡podéis creerlo!!!
Sobre manera viendo lo bien que lo pasáis…ya corro para pillaros…

De momento ya he sido transportada por la melodía casero_estelar Harry_Vitore que me ha colocado en un lugar privilegiado al pie de una ventana... es cerrar los ojos y el olor a tierra mojada, a hierba, a vida, te hacen sentir parte de la naturaleza. Nada se puede comparar a eso.