domingo, marzo 25, 2007

Paso a nivel con barrera

Benito y su gato Sartre se jubilan hoy. A Sartre no se sabe si le tocaba jubilarse, pero a Benito que lleva 44 años abriendo y cerrando las barreras de un paso a nivel en un recóndito e inencontrable lugar de la provincia de León, sí.

Día a día durante estos 44 años, Benito ha ido y vuelto hacia y desde su garita como un reloj. Él mismo acabó adquiriendo las mañas de un reloj y sus biorritmos se regían invisiblemente por los inamovibles horarios ferroviarios. Si un tren se retrasaba o; en algún caso durante su larga vida profesional; descarrilaba, se pasaba el día trastocado, descabalado, abriendo y cerrando las barreras a la hora exacta prevista aunque ningún tren pasase ante; por ejemplo; la atónita mirada del pastor Paquito y sus ovejas que miraban a un lado y otro de la vía y que animaban (cuando no berreaban) a Benito para que abriese la barrera “de una vez” aunque todavía no fuesen las 10 y 23 de la mañana sino “aún” las 10 y 21.

Benito tuvo siempre compañía durante su interminable estancia en la garita del paso a nivel con barrera que comandaba. Tuvo desde canarios que revoloteaban asustados cuando pasaba algún tren a toda máquina, hasta perros que se autocontrataban por unos meses y que a la vista de alguna hermosa hembra canina, pedían la baja voluntaria de ese monótono trabajo de abrir y cerrar barreras y se iban camino de León diciendo adiós con la patita. El animalillo más raro que le acompañó durante un par de años fue una cobaya que se parecía un poco a su sobrina María, sobre todo en los ojos pequeños y alegres y miopes y con un punto de susto permanente y la cual (su sobrina, no la cobaya) se enamoró de un francés que vino a enamorarse de los montes de León y se llevó una sorpresa y una especie de tesoro al enamorarse también de los montes y de los ojos de pequeña cobaya de la dulce María.

Pero el mejor; según Benito; había sido quien por ventura se estaba jubilando hoy con él: el gato Sartre. A Benito no le gusta decir su gato, sino el gato Sartre, nada de su. Lo llamó así porque en sus interminables horas de barrera sí barrera no, había leído todo tipo de libros, desde novelas hasta poesía o filosofía. Benito estaba leyendo El Ser y La Nada del insigne filósofo galo cuando Sartre; que aún no se llamaba así, aunque a lo mejor ya sí; apareció hambriento y maullando. Tras alimentar y acariciar Benito al minino; éste se le quedó mirando tan “existencialmente” que viendo Benito su ejemplar de El Ser y La Nada en la mesa no se le ocurrió un nombre mejor para el felino: Sartre te llamarás.

Así las cosas, ambos se convirtieron en filósofos y entre tren sí y tren no y barrera sí y barrera no, dilucidaron sobre la existencia de Dios, de si mismos o de la infinitud del universo. Todo ello hasta hoy, que se han jubilado y que han dejado las barreras abiertas para siempre pues además desde hace veintitantos años, ya no pasa ningún tren por esas vías.

Los dos han mirado para atrás y han dicho adiós con la patita a la garita del paso a nivel con barrera mientras partían a León a visitar a los perros aquellos con contrato parcial y baja voluntaria y a hacer junto a ellos y sus familias una fiesta y a brindar por los trenes que no descarrilaron y por las barreras que se abrieron para siempre en el mundo.

7 comentarios:

Thalatta dijo...

A ver si descansan que se lo tienen bien merecido, aunque no se yo si el gato en sí se jubilaría...
Besos existencialistas

Monik dijo...

Los gatos siempre estan jubilados...
Pero los de tu cuento esta muy bien que lo hagan para poder descansar un poco..
Me ha gustado mucho tu cuento, sobre todo la parte final :)

Nos leemos, besos!!

maria josé dijo...

Ay, que historia más tierna y más bonita...
Estás inspirao, Vik.
Un besazo!

Harry.c dijo...

Entrañable la historia que nos has regalado aquí, vitore.
Coincido con Benito en evitar en la medida de lo posible el adjetivo posesivo al referirme a las gatas con las que vivo.
Algo parecido pasa con la creación en todos los ámbitos. Por ejemplo, este cuento, a quien le conmueve se apropria también un poco de él. Y así cada cuál podría decir a un niño a punto de quedarse dormido en la cama: 'Te voy a contar uno de MIS cuentos DEL genial vitore.' ;)

Juankar dijo...

Si señor Vito.
Si señor.

De profesión descarrilabobos y abrebarreras

Muxu

Tunia dijo...

Preciosa la historia; yo si utilizo el adjetivo posesivo com "mi Lupo", pero no porque me pertenezca sino mas bien porque forma parte de mi vida, de mi corazón....como decir "mi compi Vik"
Besitos a mi compi.

Cinzcéu dijo...

Bello relato. Pero me parece que los gatos son más afines al contrato free-lance de tiempo parcial y los perros tienden a la relación indefinida con obra social, jubilación y demás. Un abrazo.