jueves, mayo 20, 2010

Negro

Hace unas semanas, mi amiga y compañera favorita de la UNED y de gran parte de la vida, me sugirió que me presentase a un concurso de relato corto que había convocado dicha UNED.

Hoy me ha dicho que mirase la lista de relatos admitidos entre los que no está éste que comparto (pues al no haber sido elegido, se puede publicar).

A mí me gusta que le haya gustado a quien le ha gustado; es decir, a mi gente, que aunque no les haya gustado, me han dicho que sí les ha gustado y ello me gusta.

Escribiendo así ¿cómo voy a gustar a los que no les he gustado?...

Va por ustedes:



Estoy agotado. No puedo más. No puedo escribir más.
Estoy cansado de ser “negro”.
La ortografía es tan rica, tan sublime, que solo con ver entrecomillada la palabra “negro”  y por poco inteligente que se sea, ya se vislumbra que el que lo escribe no es en efecto un hombre de esa raza.
Ya mi nombre indica un poco esa desgracia, que parece cernirse sobre ciertas personas y que en mi caso; se ha cebado con esmerada crueldad: me llamo Florentino Pérez Ridruejo. Dicho nombre; sobre todo en los últimos años de mi vida; ha suscitado todo tipo de bromas, casi todas con buena intención; todo hay que decirlo; pues para quien no lo sepa, un tal Florentino Pérez es ahora en el año 2010, Presidente del Real Madrid y de la constructora ACS, ahora devenida en Dragados.
Así que en efecto, no solo no soy negro de piel o de raza, sino un madrileño de 54 años,  de padre extremeño y madre asturiana.
Lo que si soy es “el negro” del afamado escritor Joaquín Torres Almena.
Según una de las muchas definiciones del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua; negro es; entre otras acepciones; esto:
17. m. Persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios.
Joaquín Torres y yo nos conocimos en el colegio, allá por los años 60 del pasado siglo, latiguillo éste que parece que se emplea cada vez más y que yo, que ahora estoy escribiendo mis últimas letras y no estoy obligado a no emplear esos latiguillos, me voy a permitir, así como a expresarme sin mucha floritura literaria, en una especie de rebeldía ante mi situación de esclavitud y de sumisión durante tantos y tantos años.
Torres (como le llamaba todo Cristo en clase) era el típico chico un poco gamberro, pero tan simpático y tan popular y tan de caer bien, que ya despuntaba un liderazgo, palabra ésta, que como todos más o menos sabemos, implica poder, y ese poder suele ser ejercido aplastando o domando o dominando al resto de o bien competidores o de simples colillas.
Yo empecé a ser domado, dominado y aplastado por Joaquín desde esos años de colegio, como una triste colilla de porro de marihuana o de Bisontes, que era el tabaco rubio explota pechos que nos fumábamos a escondidas entre clase y clase.
Enseguida se percató, tanto de mis cualidades como estudiante, como de mi poca fortaleza física y de mi miedo hacia él. Así, empezó a presionarme para que fuera yo quien le pasase a limpio los apuntes y quien le preparase trabajos. Él fue también quien sorprendentemente, empezó a sacar muy buenas notas en los exámenes, copiándose astutamente de mí, ante la ceguera de profesores y compañeros a los que les parecía precioso que siempre nos sentásemos juntos y extraordinario que de la noche a la mañana, Joaquín se hubiese convertido en un estudiante más que pasable. Cómo se admiró y respetó esa amistad tan ejemplar que hizo que toda nuestra vida de Bachillerato, nos llamasen sin mal rollo y cariñosamente: Zipi y Zape.
Nadie sabe ni sabrá, cuántas lágrimas tuve que tragarme, actuando eternamente sin poder decir a grito pelado lo que pasaba “de verdad”, cuánta frustración por mi miedo, cuánta rabia por la injusticia de la vida.
Ya en la época universitaria, me obligó a estudiar Biología en la Complutense. Era esa una Carrera que ni me gustaba ni me dejaba de gustar, para la cual “sacamos nota” sin ningún problema, pero que a él le pareció la adecuada; primero: por el ambiente que parecía respirarse por allí y segundo; porque en esos años, Joaquín se follaba (con perdón) a todo bicho viviente y las chicas de Biología, según un estudio “de campo” que él mismo había desarrollado, eran las que: ”estaban más buenas”.
Entre los bichos vivientes (también es Biología a la postre) que cayeron en sus garras, estaba la que hoy día es mi amada esposa, mi adorada mujer, que siempre estuvo fascinada por la brillantez, la belleza y la gracia de Joaquín (siempre se enamoran de estos tipos) aunque pasados los años, nos hicimos novios, pues Joaquín se enrollaba cada día con una chica en cuanto tuviese “las tetas más grandes”; y al final, pareció “enamorarse” de mí, nos casamos, y hemos sido razonablemente felices hasta hoy.
Estamos hablando de hace 30 años o más. Me estremezco al pensar que toda la vida he estado por debajo de ese cabrón. Viviendo en la sombra sus éxitos, pues llegó un momento, uno de los más tremebundos de mi vida en el que Joaquín “diseñó” un plan para fortalecer aún más su ego, su éxito implacable: Quería ser un escritor famoso.
Como tonto precisamente no es, me habló del tema claramente y además, me ofreció dinero por escribir para él: “como tú sabes, Floren”.
Con su egoísmo eterno y sabiendo que ese don de escribir era uno de los pocos ámbitos míos y solo míos, me dijo que me pusiese a escribir:  “por los viejos tiempos y lo pasado, pasado está, coño”,  y alquiló un apartamento minúsculo para que ejerciese allí de “negro”.
Me despedí del trabajo, aunque mi mujer nunca lo ha sabido y cada mañana me iba allí y me ponía “a ello”, aunque reconozco que al principio me costó muchísimo no ponerme a llorar y poder concentrarme en lo que me gustaba hacer, pero que ahora se había vuelto mi trabajo me gustase o no.
Este gusto por escribir, me vino cuasi obligado por las circunstancias de mi vida. Al ser una vida llena de presiones, de amenazas del “matón” Joaquín, me refugié secretamente en la literatura ¡Cuánto disfruté siendo yo! Me inventaba personajes que una vez creados, me tragaban y yo era ya ellos. En esos relatos juveniles, lo mismo podía ser un poeta del siglo XVIII secretamente enamorado de la hija de un terrateniente de Sevilla, que cada día 18 recibía un poema cada mes más bello que el anterior, el cual (el poeta) escondido, siempre se las apañaba para ver la cara de embeleso, de enamoramiento de la niña amada, ante los cada vez más excelsos sonetos, o dependiendo de mi estado de ánimo, también podía ser un joven periodista que cubría con gran personalidad y profesionalidad cualquier acontecimiento y que no dejaba de seguir siendo humilde, aunque recibiese por cada artículo o reportaje elogios hasta de sus compañeros de otros periódicos o medios de comunicación, maravillados ante sus siempre cuidadosos y casi perfectos reportajes o artículos.
Pero ese secreto, esa vida propia, ese gozo tan personal, fue descubierto y sin muchos preámbulos y acostumbrado como estaba a obtener siempre lo que quería de mí, me habló de eso, de lo de que quería ser un escritor famoso y de que me pagaría por ello, recompensándome de alguna forma todos los años de agobio y de mentiras.
Yo, aunque siempre he sido cobarde y pusilánime, me intenté negar, intenté hacerle ver que no podría escribir pensando en que “tenía” que escribir. Le supliqué que ahora que él tenía un trabajo estupendo en unos laboratorios farmacéuticos y que tenía una posición admirable, que me dejase en paz, que dejase esa parcela de mi vida tan secreta, ya que nunca publiqué nada, ni me hice escritor porque era como un gozo propio, como una masturbación literaria.
No le convencí…
Y es que Joaquín; en los “viejos tiempos” supo de mis aptitudes como escritor porque una vez, ya casi terminada la Carrera, llegó a casa de mis padres y aduciendo que tenía que coger unos libros que me hacían falta y sospechando que algo había en mi vida que él no controlaba, entró en mi habitación y leyó lo que yo escribía, pero claro, no sólo leyó mi literatura de ficción, sino mis vomitadas vitales, mis iras escritas a mano, con letra siempre roja, desmembrada y escupida como un lapo lleno de sangre.
Me amenazó con matarme si hacía algo a sus espaldas, y con que no se me ocurriese escribir cosas “sin sentido” sobre él. Yo le prometí que no lo volvería a hacer y quemé ante él esos escritos llenos de violencia, de impotencia y rabia infinitas.
¡Qué idiota fuiste, Joaquín! Te dije que no volvería a meterme contigo, mi señor, pero en tu idiotez, no supiste que hasta cuando iba a cagar, escribía poemas satíricos en el rollo de papel del wáter contra ti y toda tu estirpe, me limpiaba el culo con ellos y te tiraba envuelto en caca a la taza. Sí, Joaquín, nunca evitaste ni la pasión, ni la rabia, ni el dolor ni hasta el histrionismo de mis caprichosas letras tragadas por el agua del inodoro mientras mi sonrisa veía como te hundías dando vueltas. Así de imbécil eres.
A principios de los años 80, “empezamos” a presentarnos a pequeños premios de novela o de ensayos y “ganamos” casi todos.
Para mi desgracia, pero también para el disfrute de mi ego como autor, Joaquín empezó a tener un nombre en los ambientes culturales y literarios del país.
Era patético ver cómo le entrevistaban en televisión o radio a raíz de algún premio o publicación de un libro, mientras yo, regodeándome con cierto placer, le decía a mi mujer; que desconocía por completo que Joaquín y yo seguíamos teniendo “relación” : hay que ver lo bien que escribe Joaquín y lo mal que habla, lo zafio que es expresándose. Mi mujer, siempre un tanto enamorada de él, aunque me confesó mil veces que eran rollos de juventud, aducía que quizás era una excentricidad de famoso y que no se va a ser escritor “brillante” las 24 horas del día. Yo asentía y disfrutaba un poco tristemente de esa definición de brillante (con o sin comillas) que me había regalado mi amor.
La verdad es que no sé cuando fue o cómo o por qué lo decidí, pero tan solo unos días después, pergeñé una venganza, un saludo a mi recóndita vanidad, a mi destreza como escritor, a mi vida sin vivirla.
En al año 2002, Joaquín ganó el Premio Planeta al presentar su novela “La Magia del Diablo”. A mí me dio la risa porque se presentó con seudónimo (Pedro Cantero) y me dije (a él no, claro): Por lo menos podía haberse presentado con el seudónimo de Florentino Pérez, pero pensaría “mi amo” que era un nombrecito lo suficientemente conocido en España como para presentarse con él, además de que cabía la posibilidad de que con la chapuza nacional, le hubieran acabado dando el premio (y la consiguiente pasta) al Florentino Pérez real, es decir, al real Presidente del Real Madrid, que sorprendido, hubiera comprado con el premio económico, un defensa al Recreativo de Huelva y firmaría autógrafos de “su” libro y haría caja de una u otra forma…
Se me va la mente. Es lo que tenemos los escritores “negros” o no, que nos vamos por los Cerros de Úbeda.
Mi venganza tiene un punto de melancolía, pues es totalmente seguro que no voy a poder disfrutarla. Consiste en que en el 2003, casi a finales de año, empecé a escribir una Trilogía sobre mundos esotéricos, sobre mundos paralelos entre el real y el soñado, sobre cuál es el verdadero y sobre cuál es el que nos gustaría que fuese. Es prácticamente una autobiografía, pero obviamente no del payaso Joaquín, sino mía, con mis mundos irreales y soñados, siempre mejores que el mundo de pesadilla en el que vivo o he vivido hasta hoy.
De momento, he escrito dos libros de esa Trilogía. Del primero se ha hecho ya la película “Mundos Soñados” y ha ido tan bien que a Joaquín le han dado un Goya extraordinario por la factura del libro y porque casi no ha habido que tocar nada de dicho libro para adaptar los premiados guión y película. Del segundo libro, se está adaptando ya el guión y hay indicios de que de “Mundos Soñados” se quiere hacer una súper producción en Hollywood…
Pero del tercero no se va a saber nada nunca, pues esta mañana, cuando ha venido Joaquín al apartamento donde todos estos años he escrito como un loco, y quizás al borde final de esa locura, le he dicho: Joaquín; no voy a escribir ni una letra más para ti y además, te voy a matar en este instante.
Él, a sabiendas de que siempre he sido un cobarde, ha soltado una sonora carcajada, que se le ha helado cuando ha visto que mis manos sujetaban resueltas una pistola. Se ha puesto pálido, como la gélida muerte que por primera vez ha visto que le regalaban mis ojos. Le he dicho que se arrodillase. Ahora era él el que lloraba como un mierda, pidiendo clemencia, apelando a nuestra amistad ¡¿a qué amistad, Dios?!.
Yo le he dicho: eres un mierda, Joaquín  y voy a terminar con tu puta vida de rico y de famoso ahora mismo. Vas a morir dentro de unos pocos segundos y me vas a pagar todas las vejaciones a las que me has sometido toda la vida.
No me puedo quitar de la mente, su cara de bobo cuando me he metido la pistola en la boca y he apretado el gatillo sin temblar, no sin antes decirle: Jódete Joaquín. No “vas” a escribir el esperado tercer libro de la Trilogía…. ¡Pum!

6 comentarios:

Gordita dijo...

Antes escribìa, y alguna que otra vez presentè algo ya escrito a un concurso, a veces ganaba, a veces no, pero siempre tenìa la sensaciòn de que los relatos ganadores no siempre eran los mejores.

A mi este me gusta.

Vitore dijo...

Gordita: Yo antes también escribía, aunque nunca me he presentado a nada. Si ahora lo he hecho es porque mi amiga pensó en mí y se le ocurrió que podía escribir algo corto (como mi cerebelo), así que saqué cosas de aquí y de allá y escribí esta cosa que me alegra que te guste. Creo que has pasado al menos otra vez por esta bitácora. Si no lo hice: bienvenida y ven cuando te plazca!

Gordita dijo...

Gracias, es un placer leerte

Juls dijo...

Finalmente encontré un hueco para leerlo. Tiene tu estilo y tu firma, esa pizca de caos y de divagación que tienes al escribir contra el teclado. Entendería que con tanta palabra "altisonante" (como lo llamaba una profesora mía cuando yo era -más- pequeña) haya decidido el Jurado entregar el premio a algún otro relato menos picante...

En cualquier caso, sabes que me encanta leerte y esta no ha sido una excepción. Te digo más: me he quedado enganchada enganchadísima y estaba deseando leerlo entero enterito. Y te digo más aún: se me ha puesto la piel de gallina cuando he leído el final...

:)

Mendieta Quintana dijo...

Me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Espero que lo presentes a muchos concursos más. Es un ganador, sólo le falta encontrar su concurso
;-)
Besos ganadores.

buru dijo...

sabes q siempre m ha encandilado tus narraciones,¿ como olvidar esa ficha roja?.........