Me da pena tirar el cuadernillo de las Elecciones Generales 2008, así que lo uso para estos menesteres tan apolíticos.



Barcelona esta vez me ha parecido una ciudad un poco caótica con obras por aquí y por allá (y esto lo dice un tipo que vive en Madrid) con una Xarxa (me encanta la palabra que significa Red) de Metro calurosa como ella sola -¿tendrán pozos de ventilación?- y que como cualquier ciudad turística, es cara en cuanto te sales de madre y quieres visitar museos o lugares “imprescindibles” o –como no- a la hora de tomarte una simple cerveza.
Sirva como ejemplo el increíble robo sufrido en el concierto en el que nos sablearon nada más y nada menos que 30€ por 4 perritos calientes (a 5€ cada uno=20€) y cinco botellitas de agua de 33cl por las que nos soplaron 2€ por cada botellín (5+2=10€). Desistí de tomar una cerveza, pues por un vaso de plástico con el rubio líquido te pedían 7 €.
Pero bueno, lo hemos pasado bien antes, durante (aunque el sonido fue nefasto) y después del concierto. El señor Springsteen parece disfrutar tocando y raro es el show que dura menos de tres horas. Si es marketing, está tan bien hecho que da la sensación de que los músicos se lo están pasando igual de bien que el público, ya de por si entregado desde la primera nota.
Algunas frases durante este corto viaje (del 19 al 22 de julio) fueron repetidas una y mil veces con esa risa desesperada que te da cuando estás en la calle a las 3 de la tarde y piensas que si fueses habitante de esa ciudad, no saldrías con esos calores ni loco, pero como eres un pobre turista, “tienes” que estar a esas horas deambulando como un zombie derretido. Ejemplos de frases: “No he pasado más sed en mi vida” (homenaje a mi colega laboral Pakito Mojamuto) o “No me reía tanto desde 1857” o “No pasaba tanto calor en el Metro desde ayer” que la B, la O y la S y mi S repetíamos gozosamente.
Yo no sé si soy el último humano que queda sobre el planeta. Ni lo sé, ni en realidad me importa después de todo lo que ha pasado en tan poco tiempo.
Y es que si te pones a pensarlo y a pesar de que los acontecimientos han sido tan brutales, han debido pasar solo uno o dos meses desde que empezó todo.
Los humanos lo hubiéramos llamado el fin del mundo, pues siempre hemos sido tan fatuos, tan orgullosos, que hemos creído que si sucedía algo como lo que ha pasado, sería el fin del mundo, cuando en realidad, sería o ha sido el fin de la humanidad (aunque como mínimo quede yo).
No sé si el planeta está entero después de tanta actividad. Me pasa como antes cuando imaginaba poder ser el último humano: que no me importa.
Si el planeta se ha convertido en un icosaedro, me es indiferente. Lo que sé, es que todo lo que alcanzo a ver es como si fuese el Amazonas, lugar en el que nunca estuve, pero que sí vi en múltiples formatos: fotografías, documentales, ordenador, etc., y que en su belleza, no se parece en nada a la ciudad en la que vivía hace eso, uno o dos meses.
Empezó todo muy deprisa. Una de las cosas más espectaculares fue cuando todo lo relacionado con el petróleo, se convirtió en unos pocos minutos en agua corriente y curiosamente potable. Fue terrible saber que miles de aviones que surcaban los cielos del mundo, cayeron en picado pues su combustible se convirtió en agua. Igualmente espeluznante fue ver las caravanas de vehículos de todo tipo con su gasolina convertida en agua y observar a los aterrorizados conductores escapar de ellos, incapaces de volver a arrancar los mudos motores. Todo era una cadena de parón general de la industria, de la electricidad, de toda actividad referente al crudo convertido en cristalina agua.
Los gobernantes de todos los países, creyeron ver atentados, armas secretas, presiones militares o diplomáticas por parte del adversario, pero como ningún ejercito podía moverse, llegaron a la conclusión de que o bien era el fin del mundo, o bien –esto era lo más lógico- no tenían ni la más remota idea de lo que estaba pasando.
Lo mejor –peor en términos humanos- estaba por llegar, pues un día, el planeta decidió sacudirse las pulgas humanas, fue como cuando un perro sale de un río y menea todo su cuerpo para despedir miles de gotitas de agua. Eso hizo el planeta. Se sacudió de golpe y a la vez por completo. Es como si la naturaleza hubiese estado creando un paraíso vegetal bajo nuestras moles de hormigón y cuando la tuvo lista, decidió despedir todo lo relacionado con la civilización. Me cuesta escribir esta palabra sin hacerle un guiño de complicidad a la nueva situación: civilización, ja.
Terremotos, diluvios, tsunamis… Todo preparado para volver como en un círculo a los orígenes. No hubo ni rastro de dioses, ni de ángeles tocando trompetas, ni de almas subiendo al cielo. Solo hubo destrucción de la chapuza humana que había durado tanto tiempo y construcción de algo que no sé lo que es, pero que es como el Amazonas, el sitio ese que decía antes que nunca llegué a ver, pero que recuerdo haber visto en formatos como fotos, documentales, etc.,

Paraguas: Oye majo, hace siglos que no escribes un cuento, ni una historia, ni nada.
Yo: Pues sí, entre los estudios y las patatas bravas y mi limitado talento, pues así estamos.
P: Hombre, pues podías escribir un cuento en el que yo fuese el "prota".
Y: Mira, ya tuve una conversación parecida con mi blog hace meses y al final para quitarme de encima la “culpa” le conté una historia sobre un papel de un señor japonés.
Blog: O sea que ¿me contaste la historia para quitarte de encima la culpa? Ya te vale.
Y: Bueno blog, no fue exactamente o exclusivamente para no sentirme culpable, sino porque surgió así. No te enfurruñes, anda
P: Pues entonces, podía surgirte una historia sobre mí, o sobre cualquiera de mis colegas paraguas.
B: Y de paso la publicas en mí y los tres tan contentos.
Y: Sí, sobre todo yo, que antes “tenía” que contentar a un blog y ahora a un paraguas sin garrota. No sé si me va a dar la cabeza para tanto pues diré que antes de hablar contigo; señor paraguas sin mango; la función que desempeñas, me era más bien indiferente cuando no incómoda. Prefería mojarme o ponerme un chaquetón con capucha, que llevarte, teniendo en cuenta además tu forma especialmente rara, pero ahora que te has puesto a hablar conmigo y cuando el otro día me acompañaste a tomar un café, como que te cogí algo más de cariño.
P: Ay, gracias. Mira que me has tenido años olvidado. Me acuerdo que me regalaron a ti en una perfumería un día que te compraste un perfume pijo y que pusiste cara de pocos amigos cuando la bella dependienta me agarró y me pasó a tus manos. Como comprendo a los hindúes a los que cuando les das un regalo, se niegan a abrirlo en tu presencia para que no notes en su mirada una posible decepción ante él. Tú no disimulaste. Primero porque no eres hindú y segundo porque mis sentimientos (que reconozco que no mostré) te importaron un pimiento de Padrón.
Y: Pero mira por donde, después de estar ahí en un rincón, más tirado que una colilla, el otro día y viendo que llovía a mares, te pillé y me viniste de perlas.
B: Oye, ¿esto lo vas a publicar o algo?
Y: Pues no sé ¿No te parece bien? La verdad es que si ya es cojonudo hablar con cosas que se supone que no hablan, como un blog, lo de hablar a la vez y también con un paraguas con el mango recto es un poco extraño.
P: Joder, pues a mí me ha emocionado lo de que al final te hayas reconciliado con nosotros los paraguas. La próxima vez que llueva, anda con cuidado que lo mismo con la emoción, echo alguna lagrimita y resulta que te vas a acabar mojando con mi llantina de alegría y te vas a creer que he perdido mi capacidad impermeable y es que voy a estar lloriqueando por dentro y me vas a tener que dar un pañuelo de papel para que me suene.
B: Me imagino la escena, jaja. Lloviendo sin parar y el tío Vito mojado dentro de tu protección, intentando limpiarte los moquillos paragüeros con el dichoso pañuelo. Anda, publica esta historieta y alegrémonos de nuestra extraña amistad y de la surrealista conversación.
Y: Pues ahora mismo publico esto y además voy a acompañar esta surrealista conversación -como bien dices, blog- con una foto para estar los tres juntos: El paraguas sin mango, tú y yo.
P: Gracias por la charla y por utilizarme en esta primavera tan austral.
Y: De nada.
B: Pues vamos allá.

Todo lo que empieza, acaba. En noviembre me embarqué a estudiar el Curso de Acceso Directo a la Universidad para Mayores de 25 años.
Han sido meses de relativo estudio, de relativo método a la hora de preparar las seis asignaturas que componen este curso. Reconozco que de Inglés y de Comentario de Texto, no he tocado un solo libro (un poco de Comentario de Texto y nada de Inglés). El resto de asignaturas las he ido sufriendo o disfrutando según el día y el tema. Por ejemplo; y a pesar de que soy un hombre que trabaja con números y medidas todo el día; he sufrido las Matemáticas Básicas, como solo un niño sabe sufrirlas y me rebelaba contra ellas y las he llegado a coger una manía irracional, tan irracional como los números irracionales. He disfrutado relativamente con la Historia del Mundo Contemporáneo, aunque a medida que iba leyendo, se me iban mezclando reyes españoles y guerras extranjeras como un gran gazpacho de siglos y armas y revoluciones industriales y francesas.
Y me he enfrentado con Fundamentos de Psicología, que al ser enumerados de una manera tan enfrascada en pocas páginas, han hecho que me haya ahogado con los “ismos” de cada época: conductismo, cognitivismo, constructivismo, humanismo, psicoanálisis (esto no lleva “ismo” pero sí yo, ello y súper-yo) en una especie de chocolate mental mezclando teorías y luchas fratricidas entre los defensores de cada uno de sus “ismos”.
El caso es que el domingo 18, me examiné desde las 9 de la mañana hasta las 13 en el Pabellón de Convenciones de la Casa de Campo junto a otros miles de estudiantes veteranos de: Lengua Española, Comentario de Texto e Inglés, que me salieron bastante bien (espero, creo, deseo). Y anteayer 24 (a las mismas 9 y 13 horas) me examiné de Historia del Mundo Contemporáneo (entre Fernando VII y la Revolución Soviética elegí lo segundo); Matemáticas (de las 10 preguntas me sabía 4, las otras me las he jugado al buen tuntún) y Psicología cuyo examen adjunto para que vean ustedes a lo que me he tenido que enfrentar y de cuyo resultado positivo, dudo razonablemente.
¡Qué Dios reparta suerte y que me la reparta a mí!

¿Quieres un ejemplo?
Yo duermo mientras tú, pequeño hombre, trabajas. Tengo un poder infinito y una fiereza salvaje que viene de mundos olvidados y antiguos que nunca conociste ni conocerás. Sin embargo, te quiero; pequeño homínido. Te miro de lado con ojos algo melancólicos y te perdono tu ignorancia y tu pequeñez porque me gusta estar contigo a pesar de tu torpeza de movimientos, a pesar de tu vista cansada. Me caes bien y por eso te regalo mi vida. No es verdad que los gatos tengamos siete vidas, aunque la que vivimos tiene tal intensidad, tal calor, que tardaríais años en acercaros a nuestra dicha. He decidido vivir contigo hasta mi reencarnación. Me gusta esta casa, pequeño hermano y me gusta que me dé el sol entre las rendijas de la persiana.
Así.
Mira.
Qué sí, que qué mérito y valentía hay que tener para ponerse a estudiar pasados los cincuenta, pero oye, es que últimamente estoy perezoso. Lo que nunca me pasó cuando (como dice mi amigo Manuel) estudiar era mi trabajo, era lo que “tenía” que hacer, me está pasando desde hace unas semanas. Hace un rato, mientras me lavaba los dientes y una vez enjuagada mi boquita de fresa, me he mirado al espejo y me he dicho: ¡No quiero estudiar! Me lo ha dicho el tío que tenía enfrente con tanta convicción y tanta fuerza, que ambos nos hemos puesto a reír como locos a la vez.
Hay que decir que lo que estaba repasando era este absoluto ladrillo que acabo de escanear con un programa llamado ABBYY FineReader 6.0 SprintPlus, que si no de qué me voy a escribir esto. Ahí va el texto. Júzguenme y cúlpenme o perdonen mi risa histérica y rebelde que me incita a no querer estudiar más en la vida…
4.2. LOS MÉTODOS EXPERIMENTAL, CORRELACIONAL Y OBSERVACIONAL
4.2.1. EL MÉTODO EXPERIMENTAL— Características:
El procedimiento:
- El diseño clásico es el bivariado, en el que se estudia el efecto de una sola variable independiente en la variable dependiente. Si son varias las variables independientes que se manipulan, el diseño será multivariado....
Para dormirse en los brazos de Skinner, no les digo más…
Hace unos minutos que he llegado a casa después de tomar un café con un amigo. Además, al salir de casa, llevaba la idea de comprar algo para regalar a mi padre en su próximo cumpleaños que es el miércoles 16. Cuando me he subido en mi coche no tenía ni idea de que iba a comprarle, pero en la calle de Alcalá he visto la luz y le he comprado un semáforo. Le he dicho a la vendedora que me adjunte un cheque regalo por si no lo quiere, que lo normal es que si lo quiera porque mi padre, otra cosa no será, pero agradecido lo es de un modo natural o resignado, se podría decir. Estoy seguro que si todos los años le regalase una corbata (como hace la mitad de los hijos descerebrados de padres resignadamente agradecidos) diría que es muy bonita, y es que sería muy bonita y no lo diría por decir, sino que le parecería muy bonita, aunque los arabescos en tono pistacho sobre fondo caqui (que manía tienen las jodidas mujeres de ponerle nombres de frutas a los colores) fuesen los mismos año tras año y las corbatas una al lado de la otra, como botellas de vino en una bodega, solo fuesen distintas por su añada.
El caso es que una vez comprado el reloj de bolsillo y escondido para que no descubra las luces rojas amarillas y verdes cambiando a cada minuto, he subido a saludar a mis padres y me los he encontrado salpicados de sangre catódica. Estaban viendo una de esas interminables películas sabatinas de Antena3 que con el consabido epígrafe de “basada en un hecho real” suelen mostrar crímenes inverosímiles y situaciones tan ajenas a ellos que como me decían con más razón que un santo: “Mira que son raros los americanos y que poco se parecen a nosotros (los españoles)”
Es verdad que gracias a Dios y a Bush, no nos parecemos en nada. En la película de turno que estaban viendo, resultaba que una niña de catorce años se enamora de su padre y se pone una careta y mata a la madre y se mete en la cama con el padre y le dice: “Cuando era una niñita me besabas en la boca” mientras el pasmarote del padre no se entera ni de que su mujer está muerta, ni de que la niña está salida y encima por él, ni nada de nada. Luego un vecino le dice a la niña que se vayan a Portland a montar una pensión porque él tiene muy buenas manos y que la ama, así todo junto en un pack. Pues que monte un gabinete de shiatsu, porque ya me dirás para que se necesitan buenas manos en una pensión de Portland ¿para colgar cuadros de Rembrandt?...
Y en esas estamos este sábado.
Hace unos minutos analógicos, estaba escuchando y viendo mi madre la Santa Misa dominical que emite a esas horas analógicas TVE2.
¿Por qué digo esto de analógico dos veces seguidas? Pues porque 3 o 4 segundos más tarde, mi padre en el salón tenía de fondo esa misma Misa (mientras leía el periódico analógico El País), esta vez digital.
Menos mal que en el 2010 habrá un apagón analógico estatal, si no fuese así, seguiríamos retrasadamente digitales.
¿Qué va a pasar o qué está pasando ya con esa gente a la que le gusta escuchar la radio mientras ve el partido de fútbol del sábado? Cuando en la radio dicen ¡gol! en la tele aún están tirando el penalti. No digamos esa gente a la que también le gusta escuchar la radio mientras ve el partido en el mismo campo.
Cuando quiten toda señal analógica iremos todo el rato digitalmente tarde pero ya sin saberlo a no ser que como en el caso del partido del que hablaba antes, estemos físicamente en el evento analógico y todo esto suponiendo que nuestro cerebro procesa la información al instante, que a lo mejor lo procesa 3 o 4 segundos analógicos más tarde y lo que vemos digitalmente se va a los 6 u 8 segundos tardíos.
Es decir que no solo es la Misa, sino cualquier evento deportivo (cuando lleguen los corredores de los 100 metros lisos, en la tele estaremos viendo digitalmente la salida o la mitad de la carrera) o las eternas campanadas de fin de año, que nos retransmiten todas las cadenas analógicas y digitales, irán condicionadas por este retraso temporal digital. Cuando analógicamente hayan dado dos o tres campanadas, nosotros, los que estemos viendo la tele digital, estaremos pelando las uvas y escucharemos algún petardo o algún ¡feliz año nuevo! analógico cuando estemos comiendo nuestra décima uva digital.
¿Y esta chapuza digital será así en todos los países del mundo o solo en España? O sea, cuando en Finlandia digital digan en la tele: "En estos momentos (analógicos) el presidente del país inaugura el iglú número veinte mil para los esquimales más desprotegidos".
¿Estará siendo inaugurado 'analógidigitalmente' el iglú o irán también 4 segundos tarde?
Yo me temo que esto no se arreglará nunca y que el hasta ahora famoso “riguroso directo" analógico morirá con el apagón. Espero que el Estado no castigue al ciudadano rebelde que oculte a los digitales ojos de la censura, un aparato de radio analógico inventado por algún ingeniero electrónico con el que escuchará 3 o 4 segundos antes: un gol de la selección española o la última bomba atómica que se haya cargado el planeta hace 3 o 4 segundos.