sábado, agosto 29, 2015
Caminata, cadera, rodilla, "acojonao", de los cojones...
martes, agosto 18, 2015
Hijos ignotos
No es que sea yo muy promiscuo, pero debo de ser muy eficaz, pues me salen hijos de debajo de las piedras.
Uno de los primeros hijos ignotos, me surgió justo frente a mí cuando hace años, en los Países Bajos, y mientras cenábamos mis dos compañeros de viaje: Wendy y Manuel y yo en un restaurante de la bella ciudad de Breda, un camarero se dirigió en perfecto castellano a nosotros y nos descubrió de golpe y porrazo que Manuel era hijo mío...
¡Me llevé una gran alegría pues aunque le tengo un especial cariño sin que sea mi hijo, ya sabiéndolo, le quise aún más!
Pasados unos años y dándose la circunstancia de que alguna vez comíamos juntos mi gran amiga del alma Ester y yo, un día en el que no íbamos a comer en el bar, sino que me disponía a pedir dos prensaditos noruegos (molletes de Antequera con salmón ahumado, huevo cocido, mayonesa y lechuga) para comerlos por ahí, la simpática camarera llamada Nieves, me descubrió de golpe y porrazo que Ester era hija mía...
¡Me llevé una gran alegría pues aunque le tengo un especial cariño sin que sea mi hija, ya sabiéndolo, la quise aún más!
Esta misma mañana y mientras tomaba un cortadito en la Barra de Pintxos de aquí al lado, intentando digerir la vuelta al trabajo, el camarero, al que conozco muy poco y al que sin embargo he mostrado mi pesar por volver a la rutina laboral, me ha preguntado que dónde trabajo. Al decirle que llevo desde 2009 en la obra ésta del Metro, me ha descubierto de golpe y porrazo que mi compi Lorena... justo...¡es hija mía!
¡Me he llevado una gran alegría pues aunque le tengo un especial cariño sin que sea mi hija, ya sabiéndolo, la quiero aún más!
Diré lo que decía el otro día una tontada del facebook de Faemino y Cansado: Hay que follar más, porque menos es imposible.
El caso es que gracias a todo esto, soy abuelo y Wendy es mi nuera y Ester me ha dado hace poco más de un mes un nieto preciosísimo y Lorena me dará de tapadillo un paquete de folios ya sabiendo que soy su papá, jajaja.
sábado, enero 29, 2011
Objetos inanimados...
¿Quién no ha perdido o creído perder algo y según sean sus creencias, le reza a San Antonio Bendito o a San Cucufato (los cojones te ato, si no me lo encuentras, no te los desato) y uno de los dos santos, va y lo encuentra?
Y no me refiero a cosas minúsculas como un botón o una aguja, que parecen haber nacido o bien para la una, atarle y bien atarle en una prenda con vueltas y más vueltas de hilo o bien para en un descuido de la celosa aguja, desatarse el botón de la camisa de rayas y buscarse otra vida, más rodada y menos prieta y más libre.
Pero casi sin duda y si hubiese un "ranking" de estas cosas (que lo habrá), la prenda o la cosa inanimada que más se divorcia, que más se despareja, que más escapa sin decir "ahí te quedas" es; o mejor dicho; son los calcetines que se ponen a lavar.
Uno siempre está seguro al 100% de que al meter la ropa en la lavadora, iban las parejas de calcetines azules con azules, verdes con verdes, marrones con marrones, de Hello Kitty con Hello Kitty (por poner un ejemplo), pero al sacar la ropa ya lavada e ir a tenderla ¡sorpresa! falta un calcetín, nunca los dos, pues en ese caso, quizás no repararíamos en su pérdida, pero al haber solo uno, te pones a mirar dentro del tambor de la lavadora, das vueltas con la mano, no sea que se haya quedado enganchado o pegado (te sientes absurdo), recorres como un investigador una y otra vez el camino de ida y de vuelta de la lavadora al tendedero, pero nada, no vuelve a aparecer.
Es entonces cuando sopesas varias posibilidades; una: la lavadora es una calcetinofaga y al menor descuido, se lo zampa y eructa los huesos al siguiente centrifugado; otra: el calcetín, antes de ser introducido en la lavadora, se hace una especie de bicho bola y mientras vas a por el suavizante, rueda y rueda hasta la terraza y desde allí, camina sin parar, a la pata coja (no puede ser de otra manera) aprovechando tu descuido detergentil y se va a jugar a ser libre con el botón de la camisa de rayas, cuya falta (la de ambos) me ha convertido poco menos que en un pordiosero.
He puesto al otro calcetín en el sitio de los trapos sucios, lo merezca o no. Es la vida.
martes, agosto 26, 2008
Muertos propios y ajenos
El otro día, cuando volvíamos de comer, vimos a unos pocos kilómetros dos columnas de humo; una blanca y otra negra y bromeamos al respecto pensando que una vez más, algunos espabilados nos habían robado cables de cobre y estaban quemándolos para obtener el metal que se paga bastante bien en el mercado negro cobrizo.
A mí incluso se me ocurrió otra chorrada aún mayor diciendo que habemus Papam por la fumata blanca tan espectacular.
Cuando llegamos a la oficina y quisimos consultar los resultados de los españoles en las Olimpiadas, leímos con sorpresa primero y con consternación después que el humo se debía al accidente de un avión de la compañía Spanair que acababa de ocurrir, casi al lado de nuestra obra, y que iba contando muertos a medida que pasaban los minutos.
Pero la reflexión que propuse al respecto en un foro de Psicología al que me acabo de apuntar fue que aún sintiendo un profundo dolor y un innegable y total respeto por las víctimas del accidente y por sus familiares y seres queridos, ¿no ocupa la prensa un lugar demasiado prepotente a la hora de dar las noticias?
Reconociendo que cuando algo pasa a tu lado te afecta más que lo que pasa en Nueva Zelanda, a mí, me resulta vergonzoso ese regodeo respetuoso, ese cotorreo dramático que lo único que hace es deprimir a la gente.
¿Para qué quiero saber las últimas palabras que una madre medio muriendo le dijo a su hijo antes de fallecer aplastada?
¿Es eso noticia?
Y sobre todo: ¿Por qué los muertos ajenos nos parecen menos muertos, menos “llorables”, menos importantes?
¿Acaso no mueren más de 20 personas en carretera todos los fines de semana? Al mes son 80
¿Por qué nos importan un pimiento?
¿Será porque estamos acostumbrados?