Madre: (Llamando por teléfono) Totitotititotitoto (sonido de las teclas del teléfono).
Tuuuuuuuu, tuuuuuuuu, tuuuuuuuu…. (sonido del otro teléfono esperando respuesta).
Hija: ¿Sí?.
M: Hola Marisol; soy mamá.
H: ¡Ay!. ¡Hola mamá!. Te iba a llamar ahora mismo. ¡Qué casualidad!.
M: ¡Tenemos telepatía, jaja!. ¿Qué tal estás?. El otro día estabas fatal entre el catarro y la alergia que este año mira que ha venido pesada.
H: Mucho mejor mami. Fui a la farmacia y al final me dijeron que no era catarro, que era lo de la alergia. Con tanto moqueo me parecía que era catarro, como nunca he tenido alergia, pues me extrañaba. Pero bueno, me han dado unos antihistamínicos que me dejan medio tonta, pero por lo menos no gasto tanto pañuelo de papel. ¿Y papá?. ¿Dónde anda?.
M: Está en la terraza haciendo crucigramas. Ya sabes lo que le gusta desde que se jubiló.
H: Ya lo creo. Es un hacha. Dale un beso.
M: De tu parte, cariño... Y ¿Qué tal en el trabajo?; hija. ¿Cuándo hablamos?. Anteayer me parece que fue ¿no?, que me contaste lo de la lista de tu jefa. Has hecho bien en decirle cuatro cosas bien dichas. Si te echan que te echen, pero que no se crean que eres tonta.
H: Era lo que hablábamos el otro día, mamá. Que yo hago mi trabajo lo mejor que sé y nunca he tenido problemas. Lo que pasa es que esta tía es una trepa y quiere subir pisoteando a los demás. Es lo que me decía Juan ayer, que se dé cuenta esta señora que no se puede ir así por la vida, que se cree la idiota que va a heredar la empresa.
M: ¿Quién es Juan, hija?.
H: ¡Ay mamá!. Pues ¡quién va a ser!; mi marido. A ver si te crees que hay mas Juanes por ahí, jaja.
M: Pero…. ¿cómo que tu marido?. ¡Si no estás casada!.
H: Harta es lo que estoy, aunque últimamente estamos mejor, pero vamos… Pero ¿qué te pasa con que no estoy casada?. ¡Qué graciosa!. ¿Ya te has olvidado de lo guapa que ibas?... Bueno aparte de mí que era la novia; claro. Jajaja.
M: ¡Uy! Que me parece que me he confundido de teléfono. ¿Tú te llamas Marisol?.
H: Jolín mamá. Pero si elegiste tú el nombre porque te gustaba la cantante y porque a la abuela también le gustaba que le llamasen así aunque de verdad se llame Juliana.
M: Yo creo que tú no eres mi hija, no sé. ¡Y el caso es que tienes la misma voz!. ¡Y qué casualidad más curiosa que mi madre, o tu abuela…. Bueno, la abuela de mi hija Marisol que no sé si eres tú se llame Juliana también!.
H: ¡Pero si es que tú también tienes la misma voz que mi madre!. ¡Qué gracia!. Llevamos hablando un rato creyendo que somos quienes no somos. ¿Cómo se llama usted?... o mejor: ¿Cómo te llamas?.
M: María, hija…. Bueno; María a secas, que hemos quedado en que no eres mi hija. ¡Mira que tienes la voz igual!. ¡Y estás casada!… Me gustaría que mi Marisol se casase. Por eso me ha dado un vuelco el corazón cuando me has dicho que estabas casada. Ha sido como ver mi vida y la tuya; perdón; y la suya, la de mi hija; unos años adelantados.
H: Bueno, bueno, bueno... ¡No me lo puedo creer!. ¿Sabes una cosa?. Que mi mamá se llama como tú: ¡María!. ¿será posible que ni tú eres mi madre, ni yo soy tu hija?..., aunque a lo mejor es que esta llamada es una llamada a un futuro tan incierto como imprevisto. ¿Y si estuviéramos hablando como desconocidas pero en realidad si fuéramos la madre y la hija que seremos, algún día?.
M: ¡Ay Marisol!... ¡Que ya no sé si llamarte hija o no!. Se me han puesto los pelos de punta.
H: ¡A mi igual!.... ¿Cómo se llama papá?... O tu marido… ¿O el padre de tu Marisol?.
M: Alfredo…. ¿Y tu padre?.
H: ¡Vaya!. Tututututututututututu (corte de llamada).